La ceramica japonesa
Los japoneses han tenido siempre mucha afición por el yakimono.
tes. En japonés, cerámica (toki) y porcelana (jiki) son conocidas en conjunto
como “yakimono”. Muchos tipos de cerámicas son elaborados en los hornos,
mostrando diferentes colores, todo tipo de formas y una gran variedad de
texturas que las hacen placenteras al tacto. Tazones de arroz, tazas sin asa y
apoyaderos de palillos, junto con otros tipos de cerámicas, le aportan un toque
especial al estilo de vida japonés. En estas páginas comprobaremos la afición
del pueblo japonés por la cerámica y porcelana, transportándonos en el tiempo y
visitando algunos de los centros de producción más importan
La cerámica
apareció por primera vez en el archipiélago japonés hace unos 13.000 años. Esto
significa que su inicio es bastante anterior al resto del mundo, por lo menos
en lo que se conoce actualmente. Las piezas más comunes eran utensilios para
cocer cosas. La arcilla se solía decorar con surcos o presionando con cuerdas
sobre su superficie. Debido a ello, la cerámica de esta época se conoce como jomon
doki (jo: cuerda; mon: modelo, y doki: vasija de barro). Hace unos 5.000 años,
durante el periodo Jomon, surgieron algunos diseños remarcablemente dinámicos,
entre los que se incluían figuras de nubes decorando cada parte del exterior de
jarrones.
Durante el
periodo Yayoi fueron introducidos nuevos tipos de cerámica y útiles para el
cultivo del arroz desde la Península Coreana. La cerámica Yayoi formaba parte
de la vida cotidiana, utilizada fundamentalmente para el almacenaje, la cocina
y la comida. Era menos decorativa que la del periodo Jomon y sus suaves colores
le daban un aspecto delicado.
A comienzos del
siglo V se produjo una gran transformación ante la entrada en el país de nuevas
técnicas procedentes de la Península Coreana. Hasta entonces, la arcilla era
calentada en fogatas, pero el nuevo estilo de cerámica, llamada Sueki, se
cocinaba a altas temperaturas en hornos construidos (túneles) en montículos. El
estilo Sueki se convirtió en una verdadera cerámica.
A mediados del
siglo VII, los ceramistas japoneses acudieron a Corea y China para estudiar las
nuevas técnicas y aprendieron a utilizar el barniz, así como a trabajar la
arcilla con temperaturas moderadamente bajas. Algunos de estos barnices eran en
un verde oscuro, mientras que los artículos Nara sansai estaban hechos de tres
colores, frecuentemente rojos, amarillos y verdes. Estos artículos eran
utilizados, no obstante, solamente en la Corte por las familias aristocráticas
y en los templos. A partir del siglo XI se dejaron de elaborar.
Las innovaciones
conseguidas por la cerámica Sueki condujeron a la construcción de hornos en
muchas partes del país. No pasó mucho tiempo hasta que los ceramistas
descubrieran que las cenizas de la madera en los hornos calientes reaccionaban
con la arcilla produciendo un barniz natural. Esto les llevó a esparcir las
cenizas obtenidas en la quema de plantas sobre las arcillas antes de cocerlas.
Esta técnica de aplicar el barniz natural se desarrolló primeramente en los
hornos Sanage, en la Provincia de Owari (en la actualidad noroeste de la
Prefectura de Aichi).
Durante la Edad
Media, la cerámica Sueki sirvió de base a nuevas técnicas, así como a un bun en
la construcción de hornos. Las seis ciudades históricas de la cerámica
japonesa; Seto, Tokoname, Echizen, Shigaraki, Tanba y Bizen - datan de esta
época y sus hornos continúan activos. En casi todas se producen esculturas en
gres con apariencia de cerámica fundamentalmente grandes jarrones, urnas y
potes.
Solamente Seto,
situada cerca de los antiguos hornos Sanage, se dedicó a la producción de
artículos barnizados de lujo. Los ceramistas de Seto trabajaron fuertemente
para satisfacer la demanda de
los aristócratas y samuráis que adoraban la cerámica y porcelana del estilo
chino de Sung. Se añadieron nuevos colores, especialmente amarillos con sombras
rojizas, marrones o verdes. Los ceramistas ganaron en inspiración a partir de
los artículos importados desde el continente, adaptando los ideales de Sung
para conseguir nuevos modelos y formas al estilo japonés, en jarrones, botellas
de sake, recipientes de té y tazones de arroz. Hasta el siglo XVI, Seto fue el
único centro en Japón que continuó produciendo cerámica barnizada.
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